Por: Juan Rafael Gómez Arbeláez – periodicolapiedra@gmail.com
Es seguro que el Desfile de Silleteros presenta el trabajo final, la idea central plasmada sobre una silleta, carga impresionante en kilos y la labor estética para el Concurso anual en las diferentes categorías. ¡Es de admirarlas!
Pero detrás de ese producto final presentado ante multitudes por las Avenidas de Medellín, está el arraigo del campesino de Santa Elena por su tierra, su familia, sus amistades, el compañerismo, la solidaridad, la jornada diaria de buscar un sano sustento proveniente desde su huerta.
Un hecho significativo, humano totalmente, es el valor del abrazo, del reencuentro con el vecino, del cambio del tallo colorido el que se ajustará quizás en una idea vaga pero centrada en la cabeza de un diseñador del arte de la naturaleza, el mismo que al recibir de parte de Asocolflores desde hace 20 años esas cajas repletas de flores, de inmediato el juego mental comienza a hacerse real y a tejer con la anuencia de los mayores, léase abuelos, tíos, primos, padres, aún hermanos, vecinos, todos en una representación de apego y unión familiar, ese símbolo que les caracteriza: la silleta.
Lo que se vive casi que en privado, comienza con la llegada en masa de las generaciones totales de los Silleteros de toda la vida; sus hijos, sus nietos, aún sus bisnietos y aunque sus manos ya curtidas y sus espaldas casi doblegadas por los años de «cargada», en su mirada hacia el horizonte colorido, les da la satisfacción de reencontrarse con su grupo quizás, el mismo que en una de tantas madrugadas súper frías, casi congeladas, permitían juntarse y bajar con su cargamento hasta la Placita de Flores.

Veinte años lleva esta tradición previa al desfile, iniciativa liderada por Asocolflores, la Corporación de Silleteros de Santa Elena y Comfama, pero que por décadas enteras y que ahora con ese toque de heredado, ellos, todos renuevan el favor que cada uno presta a su vecino, al amigo, al familiar dentro de los linderos invisibles de su parcela.
Allá no serán tallos, podrá ser azúcar por harina, sal por un huevo, medicamento por una camisa, y así. se desenvuelve la cultura de un campo apetecido, lleno de historias, con aromas tan disimiles, que es mejor entenderlos desde su apaciguado caminar con la carga sobre sus espaldas, llevando el corazón noble de una pueblo pujante. Esos son los silleteros, el que en un trueque de tallos de flores, de follaje, expresan así el sentir y la razón de venir provenientes del seno profundo de una casta única.


Los crisantemos, los pompones, las rosas, los girasoles, las statis, los ruscus y todas las aun sin nombrar, solo son un pretexto en el «trueque», para abrazar a su vecino, a su colega, a su mentor y verse unos a otros, y soñar con ese cambio generacional cada día más vivo en Santa Elena.

Una cultura que ha nacido para quedarse, para que nos apropiemos de ella, la compartamos, la respetemos pero sobre todo, veamos ese toque de humildad. sencillez y calidez que reflejan.
Fotos: Juan Rafael Gómez A – juanrafagol@gmail.com