Siempre he sentido que Antioquia guarda rincones mágicos, de esos que parecen estar ahí esperándote, listos para contarte una historia. Así fue mi encuentro con la Reserva Natural Tahamíes, un oasis de naturaleza, tranquilidad, paz y amor espectacular para acampar en Guarne, Antioquia.
Entender el mensaje de tu misión en esta tierra no es fácil, pero cuando logras conectarte con ese llamado interior, todo empieza a tener sentido. Las respuestas llegan, los miedos se disipan, y las preguntas que uno se hace con tanto peso –¿y cómo lo hago?, ¿qué hago?– comienzan a ser respondidas. Es como si los elementos de la vida se fueran acomodando poco a poco, y eso fue lo que le ocurrió a Diana Álvarez, la mujer que hoy cuida con amor esta reserva y la tierra de los Tahamíes.
Diana hace parte de la familia propietaria de estos terrenos, que han estado en sus manos por más de 150 años. Ella asumió la tarea de continuar y honrar la palabra de su padre, el señor José Miguel Ruiz García, quien un día tomó la decisión valiente de decirle no a la venta de las tierras para la explotación minera. Esa fue la semilla de lo que hoy se conserva.

Yo, que siempre he buscado conocer rinconcitos solitarios, alejados de lo comercial y lo “instagrameable”, me encontré con este lugar ancestral que, sin proponérselo, parece sacado de una postal de viajes. Aquí la quebrada La Hondita baña la reserva con sus aguas cristalinas, ofreciendo una melodía natural que acaricia el alma. Antes de atravesar el terreno, esta quebrada se lanza en forma de cascada con varias caídas, profundas y hermosas. Una verdadera obra de arte de la naturaleza.
La administradora me contó que la reserva lleva el nombre en honor a la tribu Tahamíes, habitantes originales del oriente antioqueño. Y mientras me hablaba, pude sentir cómo ese legado aún vive en cada piedra, en cada rincón.
Los Tahamíes fueron una etnia indígena de la familia Chibcha, de lengua Macro-Chibcha. Su territorio abarcaba gran parte del oriente de Antioquia, desde el Magdalena hasta el Nechí, pasando por lo que hoy son municipios como Medellín, Rionegro, Marinilla, El Retiro, La Ceja, Amalfi y muchos más. No tenían una organización política tan compleja como los muiscas, pero sí se agrupaban en clanes bajo la guía de un cacique. Entre las tribus más conocidas estaban los macoes, yamesus y maumí.
Fuente: wikipedia.org

Y es que en la reserva todavía se conservan vestigios de su presencia: cerramientos en piedra, estructuras que parecen altares ceremoniales alineados con el sol, y un portón de madera que parece custodiar secretos ancestrales. Caminar por ahí es como retroceder en el tiempo.
Lo curioso es que la reserva no está tan lejos de la urbanización, pero sí lo suficiente como para permitir esa desconexión que tanto anhelamos hoy. No está pegada a la carretera, tampoco perdida en lo más recóndito del bosque, y esa facilidad para llegar sin perder la sensación de estar en otro mundo es lo que la hace única. Es como un paréntesis en medio del caos moderno.
La reserva que le dijo no a la minería

Este proyecto ha crecido casi que a pulso, con poco o ningún apoyo de las administraciones locales, que parecen ver la zona solo como terreno de explotación minera. Pero los cuidadores de la tierra entendieron su propósito y levantaron su voz: dijeron NO A LA MINERÍA. Convirtieron el terreno en reserva y cerraron las puertas a cualquier intento de contaminación. Gracias a esa decisión, hoy se puede beber con los ojos el agua cristalina que corre por el lugar y sentir la energía de una cascada que limpia hasta los pensamientos más pesados.
La familia propietaria, con más de siglo y medio defendiendo estas tierras, rechazó propuestas, incluso de políticos de la zona, que buscaban abrirle paso al “desarrollo” minero. Y es que decirle no al dinero cuando se tienen necesidades no es fácil, pero hacerlo en nombre de la conservación de especies, ríos y montañas es de las decisiones más valientes que se pueden tomar. Y uno lo siente: es como si la naturaleza misma devolviera esa protección y ese refugio a quienes lucharon por ella.
¿Qué hacer en Tahamies?

Cuando me preguntan qué se puede hacer en Tahamíes, siempre digo que es como entrar a un parque de diversiones, pero de la naturaleza. Los que aman el aire puro, el silencio, las caminatas y los momentos sencillos, aquí encuentran su lugar.
El ingreso ya es en sí una experiencia. Vas caminando y sentís que pasás por un portal ancestral: un umbral entre el ruido de afuera y la calma de adentro. De repente, se abre ante tus ojos un paisaje que parece sacado de un cuento. Yo mismo pensé en escenas mágicas de películas, pero con un encanto real, tangible, propio.
Ya con esta descripción te puedes hacer una idea de que hacer en este lugar.
Diana lo explica mejor que nadie: «Cuando la gente me pregunta qué se puede hacer en Tahamíes, desde aquí les decimos: simplemente hay que ser. Vení, conectate con la tierra, descalzate, sentate a la orilla de la quebrada a escuchar su melodía, mirá cómo recorre el agua, experimentá lo que sentís y lo que podés soltar. Eso es lo que vale la pena».
El lugar está diseñado para acampar, disfrutar de días de sol, pasadías, caminatas y eventos terapéuticos. La entrada se controla con reservas previas para cuidar la capacidad y evitar daños en el entorno. Y sí, hay reglas de convivencia, porque la naturaleza lo merece y porque solo así este pedazo de tierra puede seguir siendo lo que es.
Yo sé que es difícil poner en palabras lo que se siente aquí. No está escondida en lo más profundo de un bosque, pero sí te cambia la energía apenas cruzás la entrada. Quizá tenga que ver con que mi corazón siempre ha sido del campo: del agua fría del río, de la tierra húmeda, más que del mar o las playas. Tal vez por eso, durante el tiempo que estuve en la reserva, me sentí en casa. Diana, su cuidadora, fue quien me abrió las puertas de este lugar, y gracias a ella lo viví en toda su dimensión.
Por eso lo recomiendo sin dudarlo: visitar la Reserva Natural Tahamíes es apoyar una iniciativa que protege lo que es de todos. El valor de la entrada no es alto, al contrario, es más simbólico que otra cosa, pero sí ayuda a mantener este santuario en las mejores condiciones.
Además, pronto habrá un glamping en la parte alta de la colina, con vistas a todo el valle de la reserva. Imaginate dormir ahí, rodeado de verde y con el murmullo de la quebrada como arrullo. El que quiera más naturaleza, que le pinten un bosque, porque aquí la experiencia será completa.
Cómo llegar a la reserva natural Tahamies

La reserva está ubicada en Guarne, en la vereda La Hondita. Si vas en carro, debés tomar la autopista Medellín–Bogotá. Pasando el municipio de Guarne, a mano derecha encontrarás la entrada a la vereda. Eso sí, usá Google Maps pero poné directamente Reserva Natural Tahamíes, porque si escribís solo “reserva Tahamíes” puede mandarte a otro lugar.
El recorrido dura más o menos una hora en carro. La carretera está en buen estado, con algunos tramos destapados pero transitables para cualquier vehículo.
Aquí te dejo el mapa de ubicación para que lo agregues en Google Maps.
Y si querés más información sobre la reserva, podés contactarlos en sus redes sociales o por WhatsApp:

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