Mi experiencia en el Desfile de Silleteros 2025 [Galería con las mejores fotos del evento]

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Estar en la zona de inicio del Desfile de Silleteros 2025 fue como entrar en el corazón de Antioquia. Entre los aromas de las flores frescas, miradas nerviosas y sonrisas llenas de orgullo, redescubrí, (como cada año) la esencia de una tradición que se siente, se respira y se vive con cada pétalo y cada silleta. Gracias Dios por hacerme Antioqueño.

Aquí va mi historia en el Desfile de Silleteros 2025.

El día del desfile de silleteros no es un día común, la emoción se puede sentir en el ambiente, por lo menos yo la siento y sé que muchas personas, los silleteros están casi sin dormir y ultimando detalles para comenzar el largo día que los espera, yo no me puedo quedar atrás y también me alisto como si fuera a desfilar y me da la misma emoción.

Pero este año estaba un poco más tranquilo, pues tenía la acreditación por parte de los organizadores para ingresar a la zona de inicio sin problemas, a diferencia de los años anteriores en que tocada casi rogar y hasta me intentaron sacar con la policía como si de un ladrón se tratara, ahora suena gracioso, pero en su momento fue muy frustrante.

  • El momento de la evaluación refleja la mezcla de nerviosismo, orgullo y esperanza de los silleteros.

  • Conversar con los creadores permite entender que cada silleta guarda un mensaje profundo, un homenaje o una causa.

  • Vivir el antes del desfile es un privilegio único: observar de cerca las obras, sentir la emoción y capturar recuerdos irrepetibles.

Alguien me pregunto hace tiempo ¿Qué se vive realmente al acompañar a los silleteros en el inicio del Desfile?

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Se vive una experiencia íntima y conmovedora: la emoción de la evaluación, el privilegio de conversar con los creadores y la oportunidad de apreciar las silletas antes de que recorran Medellín. Es un instante en el que tradición, orgullo campesino y cultura paisa se entrelazan para dejar una huella imborrable en quienes lo presencian.

No sé si a vos te ha pasado, pero hay momentos en la vida en los que uno siente que el corazón se le va a salir del pecho. Eso me pasó este año en el Desfile de Silleteros 2025, cuando tuve la fortuna de acompañar a los silleteros justo en la zona donde todo comienza, en ese rincón lleno de flores, nervios y sueños que precede al desfile más emblemático de nuestra tierra.

Desde que crucé el primer control y me adentré en el lugar, el aire se sentía distinto. Un aroma penetrante a flores frescas me envolvió como si la montaña entera se hubiera compactado allí. El suelo parecía vibrar con cada paso de los silleteros que iban y venían ultimando detalles. No eran simples preparativos, eran rituales cargados de amor por la tradición, de respeto por sus ancestros y de orgullo por llevar a cuestas un legado que Medellín entero reconoce y aplaude.

Me encontré con familias enteras acompañando a los portadores de silletas. Madres que les daban palmadas en la espalda como para infundirles ánimo, hijos corriendo de un lado a otro cargando botellitas de agua, abuelos con sombrero que miraban de reojo como quien ya ha vivido mil veces esa escena pero nunca se cansa de repetirla. Era imposible no emocionarse con la mezcla de risas nerviosas, abrazos apretados y conversaciones en voz baja que se cruzaban en cada esquina.

La evaluación: orgullo y nerviosismo en un mismo instante

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Uno de los momentos más intensos lo viví cuando comenzó la evaluación previa. Los jurados se desplazaban lentamente entre las silletas, observando cada detalle con una seriedad casi solemne. Desde donde yo estaba podía sentir el peso del silencio. Los silleteros, que minutos antes bromeaban entre ellos, ahora estaban quietos, con la mirada fija y los labios apretados. Algunos cruzaban los dedos discretamente, otros se encomendaban en silencio, y otros, los más veteranos, parecían tener una serenidad que solo da la experiencia.

Me impresionó ver cómo, detrás de cada diseño, había una historia que merecía ser contada. Había silletas que homenajeaban a seres queridos, otras que gritaban mensajes de paz, de esperanza o de orgullo campesino. No eran simples arreglos florales: eran manifiestos visuales, poemas en pétalos, declaraciones de amor a la vida, a la tierra y a la cultura paisa.

Ese instante de tensión, en el que todo parecía detenerse, me recordó lo grande que es esta tradición. Porque más allá de los premios o de la competencia, cada silletero ya había ganado al traer consigo el peso de la historia de su familia y de su vereda.

El privilegio del antes: conversar con los creadores

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Si hay algo que me llevo en el alma fue haber podido disfrutar de esos minutos previos al desfile. Caminar entre las silletas detenidas, verlas de cerca, apreciar el esfuerzo titánico detrás de cada detalle… eso no se cuenta, se vive.

Me acerqué a conversar con algunos de los creadores. Con una sonrisa cansada, me contaban cómo empezaban semanas antes a recoger las flores, cómo madrugaban con la primera luz del día para que cada tallo llegara fresco a la silleta, cómo la lluvia y el sol se convertían en compañeros inevitables de faena. Me sorprendió la manera en que hablaban de cada flor como si fuera parte de su familia: “esta margarita la puse para mi mamá”, me dijo un silletero, mientras me mostraba el rincón de su obra. Otro, con voz quebrada, señaló una rosa roja: “esta va por los que ya no están”.

Cada respuesta que recibía estaba impregnada de orgullo y de amor. Había en sus palabras una sinceridad que me conmovió profundamente. Escucharlos era como escuchar a la tierra misma hablar a través de ellos.

Mi cámara como testigo: Galería de imágenes del Desfile de Silleteros 2025

No podía dejar pasar la oportunidad de documentar todo. Llevaba mi cámara colgada al cuello y cada disparo era un intento torpe de capturar lo que realmente sentía. Porque una cosa es la foto y otra muy distinta es el momento que la provoca.

Fotografié manos rudas ajustando una flor, rostros llenos de sudor y esperanza, niños jugando alrededor de las silletas como si fueran castillos mágicos. También capturé el brillo en los ojos de quienes sabían que, en cuestión de minutos, toda Medellín los vería desfilar como héroes anónimos.

Cada imagen es para mí una postal viva, un recordatorio de que esta tradición no solo embellece la ciudad, sino que también sostiene el alma de Antioquia.

El inicio del desfile: un nudo en la garganta

Y entonces sonó la música. Ese instante en que la banda comienza a marcar el ritmo es indescriptible. Sentí un nudo en la garganta y la piel se me erizó como pocas veces. Los silleteros comenzaron a caminar con paso firme, cargando no solo kilos de flores, sino siglos de historia.

En ese preciso momento comprendí que lo que tenía frente a mí era mucho más que un desfile. Era la confirmación de que la tradición sigue viva, de que cada generación se aferra a ella como a un tesoro irremplazable. Y lo más bonito es que no depende de políticos ni de modas: este legado es del pueblo, es de las familias campesinas, y seguirá floreciendo mientras haya un silletero dispuesto a cargarlo en sus hombros.

El final de la jornada

Salí de la zona de inicio con el corazón acelerado. Había visto lágrimas en los ojos de quienes no obtuvieron el premio que esperaban, pero también sonrisas sinceras porque, como me dijeron varios, “el verdadero premio es que Medellín nos vea y nos valore”. Esa frase me quedó sonando todo el día.

Mientras escribo estas líneas y repaso las fotos en mi computador, siento que estuve en un lugar sagrado. No exagero al decir que haber acompañado a los silleteros tan de cerca me cambió la manera de entender el desfile. No fui un espectador más: fui parte de esa intimidad, de ese instante previo donde la emoción se palpa en el aire y donde las flores cuentan historias que nunca mueren.

Hoy, con la memoria todavía fresca, solo puedo dar gracias. Gracias a los silleteros por abrirnos la puerta de su mundo, gracias a Medellín por mantener viva esta tradición, y gracias a la vida por permitirme ser testigo de un momento que se queda tatuado en el corazón.

Porque vivir el Desfile de Silleteros 2025 desde adentro no es solo un privilegio: es una experiencia que transforma, que te recuerda de dónde venimos y hacia dónde vamos como pueblo. Y mientras exista un silletero dispuesto a cargar su silleta, Antioquia seguirá floreciendo, año tras año, con la misma fuerza y la misma belleza que me hicieron vibrar aquel día.

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